 |
| Regiones |
|
| Cultura Italiana
|
|
| Misceláneos |
|
|
*
Renacimiento Italiano
Fechas: 1.380 - 1.560
La península italiana nunca se había visto implicada
íntimamente con la corriente internacional del Gótico.
Sus manifestaciones góticas tienen un carácter
muy particular, siempre más ligado a su propia tradición
románica y clásica que a las evoluciones estilísticas
de Francia, el gran eje rector del estilo gótico. Durante
el Trecento la inquietud diferenciadora había ido planteando
las bases de una renovación del arte que conmocionó
sus cimientos hasta llegar a preguntarse por la esencia misma
de este arte y de sus artífices, en especial por el
papel de los pintores como agentes intelectuales que deseaban
ser incluidos en la élite de la cultura y la alta sociedad.
La ruptura, pues, no llega de la nada, sino que hunde sus
raíces en la elaboración teórica de personajes
como Francisco de Asís, los frescos de Giotto y las
esculturas de los Pisano. Los grandes pilares de la ruptura,
o de la renovación si se quiere, son varios. El eje
más llamativo es el Humanismo como nuevo enfoque de
la visión teocrática de la sociedad y el cosmos
hacia el papel central del hombre y sus actos. La anatomía
del hombre fue objeto de cuidadoso estudio por parte de científicos,
que dibujan uno a uno sus descubrimientos. La maestría
necesaria para estos dibujos confundió con frecuencia
el papel del científico con el del pintor, que adquiere
por eso una relevancia inusitada hasta ese momento. Un pintor,
además, debía de tener hondos conocimientos
de mitología, historia y teología para estar
capacitado en la representación decorosa de las historias
que había de narrar. Este volver a centrarse en lo
humano no significa en absoluto un abandono de lo divino;
bien al contrario, lo divino es revisado desde la perspectiva
humana para dotarlo de una mayor significación: Dios
trata de hacerse inteligible a la razón humana, en
vez de limitarlo a la emoción de la fe. El mecanismo
de la recuperación de la Razón tuvo sus apoyos
en la reintroducción de la sabiduría clásica:
los textos de la Antigüedad que se conservaban se traducen.
La caída de Constantinopla en manos sarracenas provocó
un éxodo masivo de artistas e intelectuales bizantinos,
que se instalan en Italia y llevan con ellos nuevos manuscritos
clásicos, conservados por los árabes, la sabiduría
helenística, los conocimientos de cábala y astrología
oriental, etc. Del helenismo proviene la enorme influencia
de las Escuelas neoplatónicas, filtradas por el Cristianismo,
que proponen una adaptación del demiurgo y el orden
cosmológico platónico y aristotélico,
equiparándolo a la figura de Dios y Jesucristo. El
peso de la tradición clásica indujo a denominar
la pintura de este estilo como pintura alla antiqua, puesto
que la modernidad, entendida como avance y desarrollo de los
presupuestos góticos, se centra en la pintura flamenca,
la pintura alla moderna. El patrocinio de la Iglesia sobre
las artes sigue siendo mayoritario pero abandona el monopolio;
así, las florecientes repúblicas mercantiles
se llenan de familias de comerciantes que establecen auténticas
dinastías, como los Médicis, que apoyan su poder
en la Banca internacional, el control de las rutas marítimas
y el prestigio que les otorga ser mecenas de artistas y científicos.
Gracias a esta entrada en escena de un nuevo mecenazgo se
produjo un aumento de los géneros, que hasta ese momento
se habían limitado a la pintura religiosa. Se inicia
con fuerza el esplendor del retrato, puesto que los mismos
que pagan el arte desean contemplarse en él. Se introducen
mitologías, frecuentemente con trasfondos religiosos,
incluso mistéricos, de difícil interpretación
excepto para círculos restringidos: es el caso de la
sofisticada obra de Botticelli el Triunfo de la Primavera.
El Renacimiento es además uno de los primeros movimientos
en tener consciencia de época, es decir, sus integrantes
se autodenominan como hombres del Renacimiento, como inauguradores
de una nueva Edad, la Edad Moderna, por oposición a
la que identifican ya como Edad Media, nexo de transición
entre el esplendor de la Antigüedad clásica y
el nuevo esplendor de su propia época. Es en este período
cuando los artistas empiezan a firmar sus obras, sus datos
biográficos son recogidos por los especialistas en
arte, sus teorías pictóricas componen tratados
de gran elaboración intelectual... el mito del genio
moderno inicia su proceso en estos años, con destellos
como Rafael o Leonardo. El Renacimiento se organiza tradicionalmente
en dos hemisferios, el Quattrocento o siglo XV y el Cinquecento
o siglo XVI. La delimitación no es exacta, de manera
que los rasgos de uno pueden estar presentes en otro y viceversa.
Sin embargo, sí es posible agrupar por semejanza de
intenciones a los autores de uno y otro siglo. Aparte de su
propio esplendor, Italia fecundó los Renacimientos
de otros países, como fueron España o Francia.
|